Verónica tiene una rutina bien particular. Sábados, domingos y lunes sagradamente abre las puertas del Merendero Arcoíris en el barrio Carcova, localidad de San Martín, Gran Buenos Aires. Recibe familias y chicos y les comparte las donaciones que recibe: comida, ropa, calzado o alguna otra cosa que estén necesitando y que ella ha gestionado por su cuenta.

Al inicio del año escolar convoca a la comunidad a sumarse con donaciones para poder entregarle a los chicos kits escolares con sus respectivas cartucheras hechas, en algunos casos, mano. En Pascuas se hacen los huevos y también se les entregan a los chicos. En Navidad arman bolsas navideñas para ser entregadas a las familias que a lo largo del año asisten al merendero.

Hace más de 6 años que Verónica es el motor de este espacio que para muchas familias es un gran apoyo y un alivio importante, teniendo en cuenta las circunstancia de vulnerabilidad que los rodean. Las palabras de Verónica son contundentes y solo producen admiración “no tengo un sueldo ni tampoco recibo plata y muchos menos tengo una ong o personería jurídica. Solo recibo donaciones y se las doy a las familias”.  Con esta consigna el Merendero Arco Iris nunca baja los brazos y jamás lo va a hacer, esa es la razón de ser del merendero: ayudar y motivar a otros. Una enseñanza imborrable nos deja esta historia: es posible ser creativos en la manera en que colaboramos y saborear lo gratificante que es dar y ayudar.

Con todas estas acciones solidarias a lo largo del año, Verónica lleva tatuado el espíritu de #UnDiaParaDarAr.

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